Una teoría

La campana que anunciaba el fin de la clase empezó a sonar cuando Roxana, la maestra de sexto grado, les dio a sus alumnos la nueva tarea que debían presentar al día siguiente: traer escrita una teoría cualquiera.
Milagros odia a su maestra, siente que entre ellas hay algo personal que solo va a solucionarse cuando pase de grado y no tenga que verle más la cara. Todo el tiempo la regaña, y lo peor de todo es que tiene un don especial, casi de bruja, para pedirle la tarea cuando no la tiene hecha, haciéndole pasar mucha vergüenza delante de sus compañeros.
Ella tenía otros planes para esta tarde. Había quedado con Raúl, el vecino de al lado, en juntarse para aprender a cocinar unas galletas e insistir con el mate amargo para ver si realmente puede sentirse una adulta.
Él tiene 65 años y es como un abuelo postizo para ella. Sus hijos y su esposa viven lejos; los primeros se fueron a la capital a probar suerte con sus carreras y la segunda se fue más allá de las nubes.
Desde hace varios años que se hicieron grandes amigos y él parece ser el único cristiano de la cuadra que tiene la paciencia necesaria para escuchar su parloteo incesante sin perderle el hilo y además sonreírle.
Día tras día ella repite la misma rutina. Llega de la escuela, almuerza fugazmente con su mamá que debe volver pronto a la oficina, dejándole la casa en soledad. Cerca de las 4 de la tarde espía por la ventana que da a lo de Raúl a ver si se levantó de la siesta, y cuando ve la más mínima sombra empieza a exaltarse como un perro cuando siente que está llegando su dueño.
Ahí sale corriendo y entra a la casa de al lado por la puerta trasera, sin pedir permiso y le da un gran abrazo a su amigo, al que cada vez le cuesta más agacharse para recibirlo, pero sabe que en esos actos rejuvenece.
Ella disfruta mucho de contarle lo que aprendió en clase y trata de lucir sus conocimientos hablando de los diversos temas: «Viste Raúl que hay distintos grupos sanguíneos» «A mi no me parece tan especial que la luna sea un satélite de la tierra» «no sé si me gustaría hacer todo lo que hizo San Martin» son algunas de las frases que él escucha a diario.
Siempre las charlas la manejaba ella yendo para el lado de su antojo. Esta vez, mientras Raúl terminaba de ponerle yerba al mate, la pequeña preguntó:
– ¿Vos sabés alguna teoría? La pesada de la seño nos pidió que llevemos una para mañana y a mí me parece una pérdida de tiempo tan grande en algo tan fácil, que mejor si vos me podés decir una – dijo blindando su ego tratando de ocultar que en realidad no había entendido bien que es una teoría.
Raúl, que sabe leerla mejor que su propia madre entendió claramente la situación y puso cara de pensativo hasta perder la vista en un cuadro con ángeles en la pared, hasta que el chillido del agua caliente lo trajo de vuelta al planeta tierra y sonriendo empezó a hablar mirándola a los ojos:
– Si si, tengo una que nunca le conté a nadie y es difícil que la crean porque es sólo para algunos pocos inteligentes que creen con el corazón, ¿entendés? – dijo con tono desafiante y ella asintió con la cabeza. – Los seres humanos venimos todos de un mismo lugar, una misma fábrica operada por ángeles, que no está en París ni usa cigüeñas para traernos. Somos una chispa que se desprende del sol, que pasa por distintos puntos dentro de una cadena productiva donde le agregan diversas semillas hasta llegar a la tierra. Imaginate como si fuera un caramelo que viene paseando por una cinta y en un sector lo cortan, en otro lo envuelven y así hasta llegar a la caja. – Mili estaba tan concentrada en la historia que ni cuenta se dio que tomó dos mates amargos sin arrugar la cara por el feo gusto – Bueno, con nosotros pasa algo parecido. A la chispa que nos da origen la pasean por distintos sectores donde le agregan las semillas que te conté. Una es el corazón; otra es un don, una conexión directa con una estrella del cielo; la otra es la misión que cada ser viene a realizar en la tierra, llena de sueños para alcanzarla; y por último le agregan una semilla por cada ángel que la va a cuidar, guiar y custodiar mientras viva dentro de un cuerpo en este planeta. Es decir que todos descendemos del sol, todos tenemos una chispa dorada adentro, y por eso la gente que lo sabe puede brillar hasta en las noches más oscuras; todos sabemos que tenemos una tarea por la cual nos desprendimos y debemos dejarnos guiar por los sueños; hay un corazón por cada chispa; todos tenemos un don y nunca estamos solos.
Milagros estaba fascinada, pudo entender a su manera cada palabra, pero una duda fue más fuerte que ella…
– Si es así como decís ¿por qué hay gente mala? –preguntó, haciéndolo sonreír con ternura.
–Mirá, esta fábrica que te digo es perfecta. Produce todo por partes iguales. Es decir que si hay cien chispas, entonces hay cien semillas corazón, cien semillas estrella asignadas, cien semillas misión, etc. Según mi teoría, el problema está en que no las regamos y por eso no germinan. Te aseguro que hasta el mayor asesino tiene un corazón por florecer, solo que los seres humanos nos caracterizamos por vivir distraídos, poniendo la energía en el lugar equivocado, dejando expuestas y resecas las semillas que nos reglaron. –Ella puso cara de “ahora lo entiendo todo”, y dedujo que Raúl es una de esas personas que tienen un árbol gigante donde sembraron su semilla corazón… Mientras, él seguía hablando… – Te juro Mili, que todos tenemos un corazón, una estrella, muchos sueños para cumplir, una misión y muchos ángeles de nuestro lado. Todos lo sabemos, pero pocos lo recordamos. Tenemos la misma cantidad y calidad de semillas que tuvo la Madre Teresa de Calcuta…
–¿Quién?– dijo la niña interrumpiéndolo.
No hubo lugar a la respuesta porque en ese momento su papá anunció con la bocina el regreso del trabajo. Ella abrazó a su gran amigo más fuerte que nunca y regresó a su casa. Ni recordó las galletas que no cocinaron.
Al otro día en la escuela, Mili miraba con cara desafiante a la maestra, que como de costumbre a la primera persona que consultó a ver si había hecho la tarea fue a ella, que ardía de rabia como siempre.
Con voz irónica preguntó:
– Milagros, ¿trajiste alguna teoría para contarnos?
–Sí – respondió ella con gesto pícaro.
– A ver… – dijo sorprendida la docente.
– Que usted hace tiempo no riega su semilla corazón…

FIN

 

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