Renacer

Hay un lugar, hay espacio y turnos para todos. Algunos llegan con premeditación consciente, pero a muchos nos sucede que gran parte de esta ruta la hacemos a nivel inconsciente. De repente, de tanto estar en el andén dejando pasar trenes que quizás no vuelvan, un día sin tener muy en claro por qué, llega uno y te subís… no lo sabías pero tenías boleto.

Ves que arriba hay mucha gente y el desconcierto es generalizado. Las estaciones pasan, los minutos también y de a poco la incomodidad de la duda va cediendo. Empieza a circular lentamente por las calles de la conciencia savia de entendimiento. Estás yendo a una especie de clínica para asistir a tu renacimiento… ¡Claro!, si lo habías deseado, sino nadie te iba a reservar el lugar.

Llegó el día en que el “querer” le empezó a inclinar la balanza al “deber”. Lo que tú esencia reclama que seas, lo que querés ser realmente, abandonando toda esa mochila de deber que recibiste, un poco de tu familia, un poco de la sociedad y otro poco de vos mismo, con todo lo que te hicieron y quisiste creer. Llegás a la estación donde tenés que bajar y un ser sonriente te recibe. Lo ves conocido, es como si fuera una parte tuya hablándote con una dulzura que te lleva a la mejor de las predisposiciones a pesar de la extraña situación.

Al costado de la puerta de entrada se ve un letrero que asusta: CEMENTERIO ¡Chan! aunque notás que la gente viene de ahí con cara de alivio, nada de lágrimas.

Te ponés a pensarlo un poco y sentís que la savia del entendimiento sigue recorriéndote por dentro. Estas vivo yendo a renacer. Con lógica pura entonces, algo debe morir… ¡cuánto aterra esto! Pero si deseaste llegar acá, es claro que hay cosas dentro tuyo que no están bien, que  lastiman y envenenan tu existencia. Entonces no hay que tener miedo de perderlas. Al contrario. Enterrarlas es condición sine qua non para el nuevo nacimiento.

Hay que despedir esos restos con agradecimiento, nada de rabia, nada de apego. Es mejor abandonar la histeria en este sector. Vas largando a personas, sentimientos, trabajos, relaciones, broncas, estructuras, frustraciones, estudios, creencias, etc.

Listo: lo hiciste, te diste cuenta que solo había que tomar la decisión, apuntar el arco y soltar la flecha. Ahora estás listo para el prequirúrgico. Tenés que desprenderte de tus vestimentas simbólicamente, como casi todo esto, y sentís la fragilidad de estar desnudo, aunque sea una condición natural.

Te estás dando cuenta que vas avanzando de etapa en etapa sin que nadie te diga nada. Pareciera que en el fondo el guión ya lo sabías. Quizás solo estés recordando. Estás frente a la puerta del quirófano y agradecés tener la posibilidad de hacerlo caminando. Hay muchas personas que cuando pretenden entrar ya no le responden las piernas, ni siquiera pueden moverse por sus propios medios. Pero vos te subiste al tren a tiempo. Te sentís como flotando de la liviandad que da haber echado bajo tierra aquello que tanto pesaba, pero el proceso aún no termina. Falta lo mejor y ya no querés volver atrás. La savia ya casi completa su circuito y empiezan a cerrarte cada vez más cosas del por qué llegaste acá, de que era cierto que lo precisabas y lo deseabas, de cuán grande era todo ese océano que pretendías contener en un vaso de vidrio, de los caminos que se están por empezar a abrir, etc. etc.

Ves ahí la cama donde vas a renacer y no titubeas ni un nanosegundo… vas y te acostás. Es raro, hubo como un desprendimiento tuyo. Estás en la cama y a la vez estás parado al lado viéndolo. ¡Qué emoción inconmensurable! ves que viene asomando tu nuevo ser, el que va dar valor a los días que venías desperdiciando hace tanto tiempo. El que va a romper con todas tus incomodidades y dudas existenciales, porque va a ser lo que viniste a ser. Es tu esencia plasmada en vida.

Lo ves que aparece, ¡cuánta luz! es casi enceguecedor. La luz sale, se te incorpora, te envuelve y te hace sonreír entre escalofríos. Volviste a nacer, tenés la oportunidad de empezar de nuevo en paz y de la mano con tu ser. Vas a tener que aprender muchas cosas, entre ellas a ¡volar! Claro, no solo caminar, ahora que vas a dejar crecer tu esencia no podés menos que volar, es obvio, viniste a eso. La sonrisa crece sin fin, ¿no? Te veo y me contagiás ¡Qué linda criatura!

Ahora no sos salmón que precisa nadar contra la corriente. Ya estás en tus aguas, brillando e irradiando… ¡Felicitaciones!

Un nuevo comunicado de la oficina de prensa nos recuerda que hay quirófanos para todos en cualquier momento y lugar. No hay excusas. Cuando la muerte en vida es irremediable hay que dejarla fluir. Entonces, no queda más que renacer.

¡Los esperamos!

 

FIN

 

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