Problemas

Cuando se despertó fue en bata hasta la cocina para prepararse el desayuno como cada mañana y vio por debajo de la puerta de entrada un sobre extraño. En un principio lo ignoró, pero mientras la cafetera empezaba a desperezarse lo abrió…
Entre el sueño y lo que decía la carta el desconcierto copó la escena. Imposible de creer, ni siquiera sabía de la existencia de una institución que se ocupe de este tipo de cosas. Los membretes eran oficiales, no podía ser una broma.
Lo primero que hizo fue llamar a una amiga para ver si entendía de qué se trataba todo esto y le respondió que a ella también le había llegado la misma citación. Ambas estaban totalmente desorientadas.
Decidió bañarse e ir a ver de qué se trataba todo este asunto. Tiene el mismo empleo hace más de quince años y no precisa dar muchas explicaciones por llegar un poco más tarde.
Con el pasar de los minutos la preocupación dio lugar al nerviosismo “regalándole” muchos insultos al viento cuando el calefón tardó la eternidad de cada día en darle agua casi caliente.
Salió al garage rezando para que el auto arranque dentro de los primeros diez intentos y que esta vez no hubiera ninguna rueda desinflada como venía sucediéndole con mucha frecuencia. Pese a que en el tablero la luz que señala falta de combustible estaba por explotar de tanto que brillaba, finalmente el motor encendió.
Cuando llegó al lugar donde la citaron la cola de gente superaba la mitad de cuadra: sin dudas el día iba a ser muy largo.
Su cara de malestar no era muy distinta a la de todos los días, pero su impaciencia sí. No tenía muchas ganas de sociabilizar en la espera, por lo cual recurrió al viejo truco del “autismo inducido” poniéndose auriculares y entrando al Facebook desde su teléfono.
Cuando por fin llegó frente a un escritorio se sentó enojada y sin saludar pidió explicaciones al empleado de turno.
—Buenos días Ivana, mi nombre es José — dijo éste sonriendo de todas formas, empezándole a contar “desde arriba”…—Este juzgado fue creado hace pocos meses con la noble finalidad de mejorar la vida de las personas. No tenemos más remedio que intervenir para ayudarlos a avanzar, sino pasan los años parados en el mismo casillero, como si sacaran “0” en el dado que les permite moverse —con la mano hizo un gesto como de estar en un juego de mesa—. Por eso estudiamos a los ciudadanos y citamos a los que con el pasar de los años no tienen problemas nuevos…dicho de otra forma: citamos a quienes vemos que la vida se les va y siempre siguen con los mismos problemas. Es muy triste, pero real —concluyó para tomar un sorbo de agua.
Ella estaba absorta, y su cara de enojo empezó a cambiar levemente por una de tristeza. Ahora que se lo decían empezó a notarlo en sí misma y en la gente con la que comparte los días.
Hay personas que hace años sufren de los mismos problemas: se quejan del trabajo, de cómo viajan, de que no aguantan más a su pareja, de la plata que no alcanza, del lugar donde viven, de la suerte que no acompaña, del amor que no aparece, del auto que no arranca, del frío del invierno y del calor del verano, del picaporte que se traba, de la canilla que gotea, de los ruidos del vecino, etc.
Juan, que ya tiene mucha experiencia en esto, entendió “al vuelo” el ensimismamiento de Ivana y lo respetó.
—Sé cómo se está sintiendo. Pero el solo lamento no lleva a nada. Hay que tomar decisiones, cambiar de actitud y accionar para avanzar. El movimiento deja atrás los problemas viejos y trae otros que pueden ser peores o mejores, pero son nuevos. La vida cambia junto con esto, no hay que tener miedo. Más vale ser osado. Con el paso del tiempo uno va sumando experiencia y los problemas son cada vez más fáciles de superar. —dijo en tono de padre comprensivo—. Si al menos al estar quietos decidieran aceptar las cosas como son, no habría inconvenientes; es decir por ejemplo: “acepto que mi trabajo es una porquería, me arruina los días, pero no voy buscar otro”, entonces asumirían todas las consecuencias, sin gastar más energía en maldecirlo a diario, pero no, deshonran su propia elección… ni buscan otro, ni dejan de padecerlo…
Los ojos de ella comenzaron a enjuagarse. Él siguió…
—Dígame la verdad ¿no es hora de que cambie ese trabajo de una buena vez? Envejece por horas a diario: no le gusta, queda muy lejos de su casa, la ciudad tampoco le agrada… ¿Dónde quedó el sueño de ir a vivir a las sierras? ¿Y su novio? Hace más de una año que sabe que no es para usted pero sin embargo sigue adelante con la relación…—La cantidad de información que sabía de ella la asustó un poco.— Por esto la citamos. Si no hace algo pronto queda expuesta a una sanción. Ya tiene abierto el expediente. No podemos permitir ver a la gente así, sin hacer nada…
Ivana estaba en estado de shock. Se paró, le dio la mano a Juan y salió caminando por pura inercia. Se subió al auto, intentó encenderlo y esta vez al no poder lograrlo se puso a llorar desconsoladamente sobre el volante. Su vehículo sin duda era un problema viejo… uno de los tantos.
A su costado desfilaban cientos de personas que llevaban problemas viejos en su mochila… tristemente no estaba sola en esto. Se bajó y decidió volver caminando. Trataba de buscar el origen de tanto estatismo prolongado en el tiempo. «Quizás todo tenga que ver con los miedos y la comodidad: ¡vaya combo letal!»… pensó.
Los días siguientes los dedicó a la reflexión. Pidió licencia en el trabajo y se “regaló” mucho tiempo. En primer lugar empezó a disfrutar de bañarse con agua caliente, dado que por fin cambió el calefón. El auto lucía bien ahora que estaba lavado y parado en la vereda con un cartel que dice “En venta”.
Siguiendo los pasos que le dieron en el juzgado elaboró una lista de problemas viejos y su posible acción para solucionarlos. Tuvo que presentársela en persona a Juan. Este al verla tan predispuesta y decidida a cambiar le regaló un dado que, como todos los dados reales, va del 1 al 6.
—El “0” en este caso es un invento más de los humanos con su inmensa capacidad de complicar las cosas. Ahora ya sabe que lo natural es avanzar casilleros —dijo sonriendo mientras le guiñaba un ojo…
Ella se empezó a sentir positivamente distinta, aunque tenía en claro que no podía cantar victoria aún: solo sacó un “1” en el dado pero, como dicen por ahí, hasta el viaje más largo comienza con un primer paso.

FIN

 

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1 Response

  1. Que te costaba ir hasta 9 de julio 460

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