Pasado, presente y futuro

¡Listo! Son las ocho de la noche… Se acabó el día; ya es hora de volver a casa. Ponés tus cosas en la mochila, apagás todo y te vas. La sensación es la de siempre: hay algo que no está bien; tenés trabajo, llegas tranquilo a fin de mes, pero algo te dice que la plenitud de la vida no va por ahí. Una voz interna te habla y te incomoda, pero te resistís al cambio.

Llegás a tu hogar dulce hogar y cuando entrás… ves que alguien puso la mesa para cuatro. No entendés nada, si vos vivís solo y nadie tiene copia de la llave. El miedo te sacude las entrañas. Prendés la luz y pegás un par de gritos, pero nadie te responde. Con la mirada haces un recorrido de punta a punta del salón y no hay rastros de la presencia de algún individuo.

Decidís sentarte en la mesa para analizar la situación y empezás a recibir información acerca de lo que pasa: tu pasado, tu presente y tu futuro decidieron hacer una cena sin avisarte. De repente pasado y presente aparecieron con unas entradas para picar: andan juntos para todos lados con algunas sonrisas cómplices, pero cada tanto se pelean: parecen un matrimonio viejo.

Nunca los habías visto por afuera tuyo. El presente parece estático, carente de reflejos y no tiene cara de pasar por un buen momento. Se nota que pasado influye mucho en él, lo maneja como un títere: de a ratos lo hace sonreír y de a ratos lo deja al borde del llanto.

Vos mientras tanto empezás a comer unas de las galletas que pusieron en la mesa, las mismas que comes desde que sos chico y las vas a seguir disfrutando hasta que te mueras: te dan un placer inoxidable que no sabe del paso del tiempo.

Van pasando los minutos y el futuro no llega. El pasado es indiferente ante esto, pero el presente no logra relajarse y va aumentando su enojo. Es siempre lo mismo: lo ilusiona, le promete mil cosas, lo engaña, lo cautiva, lo hace trabajar para él y nunca llega.

La escena te deja atónito, le cuesta a tu entendimiento creer lo que esta presenciando. Mientras, para llenar el tiempo, como un tío ebrio en una mesa de navidad, pasado empieza a contar historias de gloria y de fracasos. Presente se da cuenta de que ya no le hace bien escucharlo, ni cuando cuenta las ganadas, ni cuando cuenta las perdidas: todo eso ya pasó hace rato y sentía que no le pertenecía más.

La atmósfera se vuelve tensa y vos no emitís ni una palabra, sólo observas y seguís comiendo mecánicamente. Pasado seguía hablando sin parar y explicando por qué presente era como era. Vos te ponés un dedo en la comisura del labio con gesto pensativo y caes en la obviedad de que el pasado trae muchas cargas que no dejan al presente moverse libremente: tiene la mochila cargada con piedras que trae el primero.

Mirás la hora y el hambre te está superando. Te das cuenta que efectivamente el futuro es impuntual y que no le interesa mucho juntarse con el resto… Hasta dudás de su existencia. En ese pensamiento lo mirás a pasado y los ves como lo que es… ¡un fantasma! Ya no importa si escalaste el Everest, fundiste cinco empresas, metiste un gol en la final del mundo o chocaste una Ferrari: todo eso ya no está, no debe formar parte de la vestimenta del presente.

Al verlo así empezás a sentir piedad por él y sentís que tenés que ayudarlo. Te das cuenta que ni tú pasado ni tú futuro lo dejan vivir tranquilo. Son dos fantasmas que lo condicionan todo el tiempo. Te levantás y das un grito que hace temblar al resto de los comensales. Vas hasta la puerta, la abrís y le pedís cordialmente al pasado que se retire, sin darle lugar a negociación. El presente te mira con una tímida sonrisa que esconde un poco de miedo. Ahí te das cuenta que tenían entre ellos una relación enfermiza, como esas en las que el abusado se enamora del abusador… Sentís tristeza por haber permitido esto, pero ya está.

El pasado se fue sin saludar, vos le diste una palmada en la espalda y cerraste la puerta con llave. Al darte vuelta ves que el presente ahora te muestra todos sus dientes con una enorme sonrisa, algunas lágrimas en los ojos y corre hasta alcanzarte en un abrazo.

Todo es muy emotivo y así como estás ahora, abrazado a tu presente decidís de una buena vez empezar a comer a solas con él, como siempre debió haber sido: los otros dos platos ya no tienen más lugar en esta nueva mesa…

FIN

 

pasado

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