No están, pero seguirán estando

Como en una cinta para caminar de un gimnasio, una sensación viajera es la de estar haciendo girar al globo terráqueo bajo los pies y a la vez otros mundos giran a nuestros costados como un carrusel que en lugar de unicornios brillantes o autos pequeños, nos traen distintos personajes que siguen girando en su mundo. Aparecen y desaparecen todo el tiempo.

Quien alguna vez se montó en un viaje, sabe que pocos contextos hacen trabajar tanto al corazón, como cuando la mochila se convierte en un apéndice del cuerpo y los kilómetros empiezan a pasar. Así van a apareciendo magos que iluminan el camino, que cantan una canción o comparten un sueño. Se conectan los corazones de estos perfectos desconocidos, que ya se hermanaron, pero al otro día, cuando el sol hecha luz sobre más de un camino, cada quien toma el suyo (es ley no escrita del viaje).

Rome, ya había aprendido que: “a quien conocés de viaje, tarde o temprano se va de viaje”. Tenía bien aprendida la teoría del desapego de las cosas y de las personas, pero más viajaba, mas sufría el dulce dolor de la despedida de quien no era nadie en su vida unos pocos días atrás.

Una vez intentó, a modo de defensa personal, poner un poco de límites a la entrega irrestricta de sentimientos de amor con quien conecte en su camino, porque verdaderamente era una puntada en el corazón desapegarse, pero después se alegró de que, afortunadamente, su cobarde intención cerebral haya fracasado.

La situación de separación era siempre igual: se arma la mochila, se chequea que nada quede tirado (ya había perdido varias prendas y encontrado otras, así que el balance de momento estaba equilibrado), y cuesta levantar la mirada para ver al que pronto ya no se volverá a ver. Se usan muchos chistes para evadir la emotividad, los brazos se afirman fuerte y recíprocamente en las espaldas, se cruzan miradas de milésimas de segundos con principio de lágrimas y después cada cual avanza, sin pretender renunciar, por el camino elegido. Algunas veces los abrazos vuelven a recomenzar a los pocos segundos de haber muerto y se estira el momento hasta que no queda más remedio.

El duelo dura un tiempo, y después hay que volver a poner la energía en el nuevo traslado a conseguir, en el nuevo alojamiento donde parar. En los viajes, “ayer” es algo que paso hace mil años atrás, pero deja marcas.

¡Nos dimos todo y nos pagamos con este abrazo: nada nos debemos y mucho nos recordaremos! podría ser el resumen de la situación. Es obvio que cada cual va a poder seguir su camino y la familia se agranda a cada paso, los hermanos se multiplican y lo bueno es que en la mochila hay lugar para todos.

Estos seres que van apareciendo en el momento justo en que debían aparecer, comparten un lenguaje que mantiene vivo el fuego cual llama olímpica. Según escuchó Rome en una de las tantas rondas de viajeros, esto es fundamental a la hora de encontrar consuelo posterior. Una chica que tenía mil mundos acumulados en millas viajeras le dijo:

-Muchas veces es difícil hallar consuelo o comprensión en tu familia o tus viejos amigos que están allá en sus ciudades viviendo la vida de siempre: ellos no pueden entenderte, porque es tú mundo el que se dio vuelta. El suyo sigue en el mismo lugar, sin problemas nuevos. Solo podrá entenderte quien compartió unas llamas del fuego que da sentido a tu vida de hoy. Por eso mantenerte en contacto con estos hermanos que se instalaron en tu mochila, aunque no los vuelvas a ver, es prácticamente una experiencia religiosa…

Rome, al quedar en la soledad de la noche, agarró su cámara de fotos y empezó a revisar viejas imágenes de este viaje. Inconmensurables las sonrisas eternizadas. ¡Cuánto amor puro, de ese que puede mover montañas, entre ex desconocidos!

Saltando de foto en foto casi pudo hacer carne el abrazo de cada uno de esos magos que ya no están, pero están. Como de costumbre, en este, su nuevo mundo de sentidos abiertos, de percepción y transporte de magia, los ojos se le enjuagaron con lágrimas de alegre tristeza…

La luna no estaba en el cielo, pero millones de estrellas se esforzaban por cubrir su ausencia. Rome volvió agradecer al universo por su vida de sueños y porque su familia seguía creciendo en cantidad y calidad. No quería tardar en dormirse, porque temprano por la mañana tendría que encender de nuevo el fuego que hará girar al mundo bajo sus pies y abrir el corazón para los magos que el carrusel mágico traerá a su costado y que luego se irán… así en la vida, como en los viajes…

FIN

 

 

no_estan

 

FIN

 

 

Estas historias relatan las aventuras de un viajero. Para entenderla mejor, es recomendable leer solo este capítulo antes: INVITACIÓN A SOÑAR

 

Bonus Track:

 

La pequeña muerte (Eduardo Galeano):

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto,
nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor,
aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro,
porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman enFrancia a laculminación del abrazo,
que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza.
Pequeña muerte, la llaman;
pero grande , muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

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2 Responses

  1. Gilda dice:

    Faaa! se me piantó un lagrimón. Pusiste en palabras eso que muchas veces sentí y no pude explicar.
    Lindo leerte y haberte conocido en un viaje! 🙂
    te mando un beso grande!
    tu amiga Gil jeje

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