Libro – Mi primer hijo de tinta y papel

Tal es así que las cosas de pronto suceden, que un día las historias de este blog se convirtieron en libro. De tanto soñarlo, nació mi hijo de tinta y papel. Son 24 relatos escritos en modo soñador que invitan a creer en los sueños y a enamorarse de la magia del camino.

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Muchas gracias a quienes hicieron su aporte para que llegue a este mundo y muchas gracias a quienes lo hacen volar por el globo terráqueo ahora que ya es una realidad.

Sobre el final de esta página pueden leer el prólogo.

Si les interesa tenerlo, por favor escribir un mail a pablo@andandoysonando.com que pronto nos pondremos de acuerdo para que llegue a destino.

 

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PRÓLOGO

¡Bienvenidos! Esto que tienen en sus manos no es lo que a simple vista parece ser. Creerán que es un libro, pero en realidad es un sueño. Para construirlo fueron necesarios varios años de decisión, recorrer muchos kilómetros, conocer muchas personas, pasar por muchas emociones y despertar ante un pedido explícito llegado desde lo más profundo de mi esencia.

Dentro de las fronteras de esta construcción onírica, notarán que hay muchos conceptos que se repiten acerca de lo que descubrí tiempo atrás: LA MAGIA DEL CAMINO.

La descubrí en mí, pero existe desde que el mundo era bebé: fui consciente, mientras buscaba salir de una calle oscura por la cual atravesaba la vida, que quien se lanza a conseguir sus sueños tiene de aliado al universo, que usa la magia como medio para el fin de cada ser. En la ruta hacia los sueños, hay magos y magias al servicio de todos: no existe la escasez.

Los cuentos que dan vida a esto que parece un libro, están en su gran mayoría inspirados en hechos reales vividos en carne propia.

Allá por el año 2008, si es que la memoria no me falla, entró a mi hogar un ángel disfrazado como pareja de mi mamá. Su nombre era Miguel. Pasamos rápidamente el trámite burocrático de estudiarnos y en menos de un suspiro ya nos habíamos adoptado mutuamente como padre e hijo del corazón. La vida de tan generosa, como de costumbre, me daba dos padres en simultáneo.

En un arranque de originalidad extrema, a este ángel lo empezamos a llamar: “Migue”.

Un tiempo después, junto a mi madre deciden que sea la ley quien de testimonio del amor que se tenían y pusieron fecha para casarse. En el mismo impulso eligieron a El Calafate y Ushuaia como destino para la luna de miel y Migue, con la felicidad pura de un niño, se compró un par de zapatillas de cuero con las que, según sus propias palabras, iba a pasearse por el glaciar Perito Moreno.

Donde solo había buenas noticias, un día se filtró una muy dolorosa. Poco tiempo antes de celebrarse la boda, una enfermedad terminal en un grado muy avanzado, decidió manifestarse después de estar algunos años en el más silencioso anonimato dentro del cuerpo de Migue.

El casamiento se llevó a cabo, pero la luna de miel tuvo que ser suspendida. Con el pasar de los meses los tratamientos no fueron suficientes: el mago de ojos extracto de cielo y de sonrisa pícara sin fin… abandonó este mundo.

El dolor de su partida, en el tiempo del duelo, me despertó la necesidad de hacer un viaje de mochilero. No tenía experiencia, ni muchos recursos: solo la necesidad y la confianza ciega de que todo iba a salir bien.

Habiendo tomado la decisión de hacerlo, me faltaba elegir el destino. Sabía que era en Argentina, pero no resolvía si ir al sur o al norte. Poco después, una voz dentro mío me dijo que el lugar era la Patagonia y que tenía una misión: llegar hasta el glaciar con las zapatillas de Migue abrigándome los pies…

Viajé ocho meses en total, alojándome en casas de lugareños desconocidos que no me cobraban por hacerlo y trasladándome a dedo. Ahí empecé a descubrir la magia del camino: tanta gente que sin conocerme me abrazaba, tantos que me abrieron la puerta de su hogar, hubo hasta quienes me regalaron dinero para que cumpliera mi objetivo y tantas situaciones que se acomodaron en un chasquido de dedos, me hicieron abrir los sentidos para percibirla…

Finalmente, llegué hasta el Perito Moreno con las zapatillas puestas y les aseguro que la piel de gallo no era por el frío. Me las saqué un par de veces para tomar unas fotografías frente a la muralla de hielo y al calor de toda esa situación tan movilizante para mí, rompí en llanto, pero no de tristeza: entendí el por qué de su viaje y el del mío, aunque sean en distintas dimensiones.

Recuperé la sonrisa prontamente, tratando de emular la suya y me quedé tomando unos mates, sabiendo que él estaba sentado a mi lado, viendo aquella maravilla, con la satisfacción del deber cumplido y con la sensación de un nuevo renacer. Una canción que dice: “…Me nacen flores desde las heridas, que mi vida huele sin temor…” empezó a sonar cada vez mas fuerte dentro mi república.

Luego de ese viaje hice otro de tres meses por Europa. Cuando uno está entregado a su sueño y se moviliza por él, doy fe, que todo se acomoda: la falta de recursos económicos, las barreras del idioma, los contratiempos y las burocracias.

Estas hojas son hijas de aquellos viajes (al igual que mi nuevo yo) y en su contenido buscan lo mismo que sus padres: dar luz donde hay oscuridad.

Hay dos secciones que forman un todo:

  1. Andando y soñando: Las letras que construyen los cuentos de esta sección dan testimonio del recorrido mágico de una persona cualquiera que se lanzó al camino a viajar sin seguridades económicas, sin tiempo y sin límites (quizás hasta se parece un poco a mi…)
  2. Bueyes encontrados: Aquí las oraciones que se suceden hojas tras hojas son fruto de reflexiones basadas en el simple acto cotidiano de vivir. Mientras vivo, a veces logro sentarme por encima de las situaciones y tener una perspectiva distinta. Desde ese lugar puedo juntar los bueyes que voy perdiendo.

Ya que llegaron hasta acá… entren, pónganse cómodos, pueden quitarse los zapatos si les molestan y siéntanse como en su sueño. Tómense un minuto para ir a buscar a su propio niño interior y siéntenselo a upa (con él será más fácil entender el mundo mágico y dejarse fascinar).

Por favor, no se vayan sin probar algo. Todo lo que está servido aquí es para ser usado. Pueden quedarse el tiempo que gusten y si al soñar tienen frio, pueden taparse con estas hojas hasta que despierten y abran su ventana para dejar entrar a la magia del camino, que como un sol abrigará el sendero para que puedan salir, encontrar las zapatillas que cuiden sus pies al andar y llegar hasta su sueño.

FIN


 

¡Muchas gracias!

Mágico abrazo,

PABLO