La Verdad

Sucedió cuando volví luego del viaje en tren, donde no lo había pensado mucho porque me sumergí en un libro. Y así como el agua tiene esa capacidad de hacerme volar, mientras me bañaba predisponiendo a mi ser para la llegada de un nuevo día, me llegó la revelación.
Tiene que ver con lo que casi todos buscamos en todo momento: LA VERDAD.
Sería muy difícil que alguien acepte que no la posee. Cada uno desde su cosmovisión tiene motivos para adueñársela. Así que mejor asumir que no hay una sola y esto en sí ya es una gran verdad.
El tema es que en aquel instante, de aquel día, mientras el agua caliente me acariciaba elevándome por los cielos, yo pude ver una verdad con claridad y sentí que si alguien me preguntaba en ese momento ¿qué es “la verdad”? podía responderle sin duda, siempre y cuando me dieran al menos un rato a que me envuelva en una toalla.
Ya que me lo piden les voy a contar de donde viene esto, adhiriendo al postulado que aprendí de chico «Para conocer el árbol, hay que irse por las ramas». Ese domingo por la mañana viajé junto a mi hermosa compañera a ver a mis sobrinos en una ciudad a unos 40 km de la que me hallaba. Como de momento no soy padre, los hijos de mi hermano sirven muy bien para darle lugar a mi instinto paterno. Quizás la subjetividad del vínculo atente contra la credibilidad, pero créanme que mis sobrinos son dos soles. Marqui tiene 9 años y Mili 12… espérenme un segundo que tengo que suspirar al ser consciente de la velocidad con la que pasa el tiempo, si hasta ayer nomás usaban pañales… A más de un adulto podrían darle clase de sencillez y, de hecho, me la enseñan cada vez que estoy con ellos.
Como buen tío sé algunas formulas para entretenerlos, y una es jugar al UNO. Su tía Nati (mi querida hermana) se lo había enseñado hace algunos años, así que les llevé dos mazos de cartas para jugar juntos. Como el invierno estaba, paradójicamente, “precalentando” para salir a escena, la jornada estaba por demás fría. Así que la mejor solución fue improvisar una mesa en las cercanías de la única estufa de la casa. No hicieron falta procesar árboles, ni doblar caños, no no, nada de eso. Dos cajas apiladas cumplieron esa tarea a la perfección. Primero para almorzar y luego para hacer de mesa cual casino, sólo que lo único que había en juego eran risas, abrazos y caricias. Fue ahí cuando las horas tuvieron alas y volaron.
Con tan solo unas cartas pasé, les juro no miento, una de esas tardes que siempre voy a recordar sonriendo con principios de emoción. Ver la inocencia de ellos, ver cómo manejan nuevos lenguajes y verNos divirtiéndonos tanto (¿vieron cuando les duelen los pómulos y la mandíbula de tanto reír?, bueno, así fue). No hubo play, no hubo internet, no hubo cine, no hubo frío, no hubo forma de no volverme feliz a mi hogar.
Entonces mientras el agua estaba alcanzando su pico térmico, sabiendo que de a poco iban a empezar a venir gotas destempladas, lo pude ver bien claro. Para mí ese momento de algunas horas compartido junto a esos dos soles, sumado al brillo de mi compañera, sintiéndonos tan felices, viviendo entregados a ese presente, sabiendo que ganar era sólo una anécdota efímera sin importancia, pudiendo mirar a los ojos a cada uno de ellos y ver su esencia ahí en vivo y en directo, tan desnudos, reflejándome en cada partícula viva de ese cuadro es, sin duda alguna, LA VERDAD de la vida. El resto, si Messi hace o no un gol, si gana la derecha o la izquierda, si baja o sube el dólar, todo me huele a mentira.
La vida es siempre generosa conmigo y estoy agradecido de poder vivir momentos así, de tener, por ejemplo, a maestros como Marqui y Mili, una compañera como Marian y, también, de tener agua que además de ser potable, tengo con qué calentarla para poder darme una ducha cuando lo deseo. ¿Miren si no es generosa?
Bueno, ya termino. De momento ya saben cuál es mi verdad por estos días.

FIN

 

 

 

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1 Response

  1. jorge luis bonifacio dice:

    Genial Pablo!!! Sos mi orgullo!!! Un beso grande para vos y para Mariam!!!

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