El trabajo del sueño, el elixir de la vida.

sueno

Si estás interesado en como alargar tu vida, sentirte sano, fuerte, vital, abandonar todas las pastillas y las visitas permanentes a tantos doctores, voy a hablar de algo en lo que coinciden todos los estudios de todas las universidades del mundo, todas las religiones y todos los sabios del pasado, del presente y también lo harán los del futuro.
Es curiosa la biología del ser humano, que tiene la capacidad de hacer nacer dentro de las fronteras de su cuerpo a otros seres vivos. Tal es así, que a todos nos pasa, sin excepción, que un día tenemos latiéndonos un sueño, del que somos padre y madre. De nosotros depende su ciclo biológico: si lo alimentamos para que crezca sano, fuerte y se desarrolle a tiempo; si lo dejamos morir prematuramente o le damos lo mínimo para que al menos llegue a viejo.
Son los sueños los que producen divisiones entre las personas. Están los que odian tenerlos porque sienten que le desarman la estructura, mucha veces construida con la mejor calidad de miedos posibles, hacen preguntas que no quieren responder, planteos existenciales que no consideran justos, traen un cosquilleo incomodo… en fin, claramente desearían no tener ese ser viviente dentro y lamentan el día de su llegada. Por otro lado están los que sienten una deuda moral con el sueño, saben que un día tienen que prestarle atención, pero lo tienen marginado. Y por último están los que ya no pueden vivir sin dedicarles su existencia: su vida empieza a justificarse en la medida que lo alimentan día tras día.
Ahora bien, antes de seguir, sería bueno que te detengas un segundo, reconozcas al ser viviente que se te instaló sin pedir permiso y pienses en que grupo estás: ¿En el que lo sufre y trata de ignorarlo? (los psicólogos atienden a diario a pacientes que aunque lo expresan de diversas maneras en realidad están diciendo: hola doctor, sufro un sueño); ¿En el que se siente en deuda pero no hace mucho (es como ir a una almacén en la que debo dinero y le diga al dueño: se que le adeudo, quizás un día le pague); o ¿En el que está trabajando incesantemente por él?
Si tuvieras que elegir, que te define mejor en este instante: ¿soy un sueño? o ¿soy un miedo?

El sueño también trabaja, presiona por vivir, tiene instinto de supervivencia, no posee maldad, pero detesta que lo ignoren, lo nieguen o lo rechacen. Si esto pasa, su propio enojo es tan fuerte, tan grande, que afecta a los diversos órganos del cuerpo, produciendo enfermedades de todo tipo.
Pelear por los sueños sin duda justifica una existencia. ¿Qué mejor que vivir “de/por/para” ellos? Es como renacer, volver a vivir, recuperar la sonrisa, entender para que estamos: para cumplirlos abrazando a la felicidad. Este es el trabajo del sueño, llevarnos a ella.
Son nuestros hijos, tenemos que llegar hasta nuestro cerebro, desconectar el cable de los miedos y reconectar el de nuestra esencia que viene del corazón, estar alineados con nuestro instinto humano: en este estado nadie puede dejarlos morir.
Con la velocidad con la que corre el tiempo, los días pasan tan de prisa que casi no los podemos saborear. Propongo entonces, para recuperar este sabor, la sonrisa al despertar y recordar a diario nuestro propósito, nos preguntemos: ¿Qué hice hoy por mi sueño? ¿lo vestí o lo dejé desnudo? ¿le di de comer o lo dejé hambriento? ¿lo reconocí? ¿está sano o en terapia intensiva?
El denominador común que tienen todas las personas que realmente aprueban con holgura un test de felicidad, es que se animan a vivir sus sueños. ¿Vos cuando vas a empezar?

FIN

 

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4 Responses

  1. excelente !!!!!!!!!!! lo compartimos gracias!

  2. cabeza de cactus dice:

    Sabes q cuando me di cuenta cual era mi sueño.mi corazo empezo a latir de otra forma…Esto es literal,no metaforico!!!es u a sensacion como la de estar enamorado!!! Aconsejo el libro EL CAMINO DEL ARTISTA.ha la justamente de como curarnos para poder disfrutar en esta vida que tanto nos han manipulado!

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