El tesoro y la salvadora

La siguiente es una historia de amor verdadera, de la que soy testigo a diario. Les adelanto algo: no es una novela, acá el galán tiene enamorada desde el primer capítulo a la dama y viceversa, no hay terceros que pongan nada en peligro, más aún, les aseguro que es una historia digna de conocerse…
Ella se llama Carmen, aunque es imposible al instante de conocerla no decirle “Carmencita”, su baja estatura contribuye a esto y su forma de ser mucho más. Desde joven fue una adelantada y se reveló al mandato social patriarcal de que la mujer se queda en casa a cocinar y el hombre trae el dinero. Siempre trabajó en el “Banco de Chile” y a decir verdad no sabe ni cómo encender la hornalla de la cocina. Es muy elegante y coqueta, difícilmente se la vea sin maquillaje o sin bijouterie. Su pelo es todo un tema, cuesta mucho convencerla de cambiar de peluquera pese a estar a miles de kilómetros de la que fuese la titular. Como es de mala educación revelar la edad de una dama, solo diré que tiene once años menos que su marido.
Él se llama Sergio, aunque si se van a encariñar tanto como yo, llámenlo Toto. Si le preguntan su edad se enmaraña y todos los días da una distinta. Lo cierto es que nació en el año 31 y al momento de escribir estas letras tiene 84 años. Es puro corazón y sólo tiene buenas intenciones, no alberga ni una pizca de maldad. Es impecablemente correcto. Para divertirme me gusta exponerlo a distintas situaciones donde tiene que “embarrarse”, pero siempre se las ingenia para salir impoluto de cada una de ellas. Entre las historias más tiernas de su pasado está, a mi juicio, la de haber colgado en una planta ciruelas con hilos, para que sus hijos pequeños sientan el placer de cosechar.
Se conocieron en una de las ciudades más australes de Chile, precisamente en Punta Arenas, y él a la semana de ser novios le ofreció casamiento. Sí sí, leyeron bien y siguen enamorados hasta hoy. Es un caso en un millón, lo sé, mas dan muestra de que se puede.
Ella aceptó poniendo tres condiciones, aunque una no la recuerda…: 1) No voy a dejar de trabajar; 2) No me gusta cocinar; y 3)…
A lo que él le respondió: «Busco una compañera, no una cocinera»…

Así fue que se casaron y tuvieron dos hijos. Según tengo entendido nunca tuvieron discusiones fuertes ni amenazas de separación, todo lo contrario. Siempre se acompañaron y forjaron una relación simbiótica. No pueden dar un paso sin consultarle al otro.

toto

Una vez conocí el departamento donde vivían al momento de la jubilación, creo que era un piso 9, y tenían allí un gran balcón vidriado con una mesa y sillas. Allí pasaban sus comidas mirando el paisaje. La hija me dijo: «Salgo por las mañanas a trabajar y ya están los dos sentaditos charlando, vuelvo al final del día y siguen ahí y él le dice… “ah Carmencita, se me olvidó contarte que…” » Compartirse para ellos es un regalo que les da la vida desde que se unieron.
En este presente él está con problemas físicos y tiene poca movilidad, manejándose en una silla de ruedas, lo cual, sin más remedio, lo hace dependiente de otras personas que lo asisten para cualquier traslado. Esto es así desde que los conozco.
Él no puede estar sin sentir que ella está a su lado, la llama todo el tiempo, incluso cuando duerme se escucha “Carmencito, Carmencito” (con “O” como lo leen). Es que ella tiene el sueño muy profundo; pueden estar los “Rolling Stones” dando un concierto a su lado que ni se entera. En cambio él es de sueño liviano, lo asustan los fantasmas de la noche y se desespera cuando ella no responde.
Carmencita dice detestar dormir siesta, que no la precisa y no le gusta, aunque en más de una ocasión la duerme negándolo con todo su ser. Muchas veces se sienta en la cama al lado de su marido, en el poco margen que queda entre él y el “precipicio” (siendo que tiene a disposición la otra mitad del colchón), apoya su cabeza en la de él y así se queda dormida, pendulando, al borde de caerse a todo momento.
Ella se encarga de que él siempre esté bien vestido, que tenga bien acomodadas las prendas y que huela bien, por lo que lo llena de perfumes. Más de una vez lo hemos encontrado vestido con el pijama de seda de ella.
Él adora las caricias y su gran frente es una pista de aterrizaje para cientos de besos a diario, no solo de su esposa, sino de quien quiera dárselos y siempre son bien recibidos, mas si llega a ser Carmencita quien se los da, a él le brillan los ojos de una forma distinta. Su piel puede reconocer esos labios sin necesidad de los ojos.
Ella no regala caricias a nadie, es más bien dura en ese sentido, se ve que no quiere “gastar” una si no es en su marido… A él le regala mil y unas a diario.
Al moverlos en coche, en un principio él viajaba adelante y ella atrás, más que nada por un tema de comodidad al subirlo y al bajarlo, mas se pusieron de acuerdo, y ahora viajan los dos atrás haciéndose arrumacos. Mirarlos por el espejo dándose mimos hace caer lágrimas de ternura.
A la hora de las comidas y de los postres, Toto, siempre agarra un poco de lo suyo y le convida a su Carmencita, sin ver que ella tiene su porción también.
El año pasado cuando ella cumplió años, a don Toto le dieron una rosa para que se la regale, con la condición que lo haga diciéndole lindas palabras. Cuando Carmen se lo encontró, él le dijo una prosa que nos hizo llorar a todos los testigos y al terminar se besaron como dos adolecentes. Le pregunté cómo hizo para decir semejante oda de amor y me respondió: «Con una mujer así es fácil…»
En las sobremesas “Don Toto” cuando está inspirado cuenta chistes, que son siempre los mismos y ella se ríe llena de amor, como si los escuchara por primera vez. Lo mismo pasa con los pedacitos de canciones que él nos convida… Los empieza a cantar y ella por lo bajo lo sigue.
Ella disfruta de las luces de la ciudad y de pasear, mas muchas veces se niega a ir para no dejar solo a su marido que la llama como un grillo… “Carmencito, Carmencito”.
Lo que él diga o cuente nunca es rebatido, más bien ella está ahí para dar fe de cualquier cosa que diga. Muchas son las veces en que ella desobedeciendo las reglas, y la física, intenta pasarlo de la cama a la silla de ruedas o viceversa y terminan en el suelo. Para hacerle más cómoda la “estadía” hasta que alguno los rescate, coloca almohadas en el piso que hacen de colchón para su amado.
Es muy gracioso ver cómo se defienden como dos niños que hicieron una travesura, tratando de que la culpa no recaiga sobre el otro o negando todo. De nada sirve retarlos, tienen sus reglas y su lenguaje. Pueden planificar un robo perfecto a un banco sin decir una palabra, tan sólo con mirarse.
Y así pasan sus días, y sus años. Ya llevan más de 45 juntos y se siguen eligiendo a todo momento. Allí donde las luces ya no iluminan por el paso inevitable del tiempo, ellos siguen de la mano dándose amor, pase lo que pase.
A mí que me ha costado siempre creer en las historias de pareja perdurables en el tiempo, ellos me enseñan a diario, mostrándome que es posible. Ella dice siempre «Él es mi tesoro» y el responde «Sin ella no estaría, es mi salvadora» y ambos son amor.

 

FIN

 

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7 Responses

  1. paty dice:

    <3… GRACIAS

  2. Laura dice:

    Me encantó!! hermosa hstoria

  3. Celeste dice:

    Es muy lindo Pablo, lleno de amor, te agradezco mucho.

  4. me encantó …………………………….

  5. maria dice:

    Que hermoso los conocí la verdad que me llego al corazón verlos tan enamorados Q Dios los bendiga por siempre los quierooooo:-) w

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