El ministerio de los imposibles

Desde lejos ya se lo puede ver, es el único edificio de este lado de la ciudad. Es blanco, muy blanco, tiene columnas altas y un techo con pinturas antiguas. Por encima de la gran puerta de madera hay un cartel en bronce que dice:

Ministerio de los imposibles.

Esta, es una institución creada por los hombres para inscribir y registrar sus imposibles personales.

Tiene muchos empleados que trabajan incansablemente más de 8Hs. por día, expertos en decir “NO, al no se puede”. Su origen es muy antiguo y por eso no tienen computadoras, ni siquiera son necesarias. Llevan todos los registros en un solo mueble de archivo, que es pequeño, de chapa marrón, despintado y con tres cajones. Pese a tantos años de servicio, nunca se precisó de comprar otro, porque no pudo ser llenado aún.

Miles de personas llegan a diario a querer registrar su/s imposible/s y siempre pasa lo mismo: salen decepcionados del edificio. Muchos ni siquiera llegan a ser atendidos, volviendo a su rutina con el enojo de alguien que se enfrentó a una verdad que no quería ver.

Para ganar tiempo los empleados pusieron un gran letrero en el hall, a modo de filtro, que dice el requisito necesario para poder registrar:

Traer constancia o certificado de que al menos una vez intentó hacerlo posible.

En el raro caso de que alguien cumpla todos los requisitos y el imposible sea aceptado como tal en el ministerio, se le entrega a la persona un comprobante que lo libera de culpa por el resto de su vida.

Varias generaciones de empleados han pasado ya y siempre, cuando se les consulta, repiten lo mismo:

-La mayoría de la gente que viene acá, nunca hace nada por convertir un sueño o algo deseado en posible. Se quedan envejeciendo sentados en sus casas sin mover un dedo y así resulta natural que todo parezca imposible.

Juan, quizás el más viejo de los trabajadores del lugar cuenta por lo bajo:

-Es difícil que la gran mayoría no se vuelva desilusionada, triste y enojada cuando se retiran de acá, porque se dan cuenta de que el límite entre lo posible y lo imposible está en su propia cabeza y en sus actitudes…. Nuestro lema es: Todo lo que deseamos es posible hasta que se demuestre lo contrario.

Muchos negadores se van gritando e insultando, debiendo intervenir la seguridad del edificio para que no agredan al personal. Para ellos hubiese sido más fácil que les entreguen el certificado de imposible a su deseo sin enfrentar la realidad, ni tener que trabajar para cambiarla.

También existen los optimistas, que ante la luz de esta verdad cambian su actitud y vuelven al poco tiempo para agradecerles trayendo tortas, vinos, o cualquier tipo de regalo. Hasta se ha visto a personas que pagan con un abrazo entre lágrimas porque fue posible construirse una casa propia; porque fue posible que dejaran ese trabajo que les envenenaba la sangre y consiguieron uno mejor;   por haber hecho posible la unión de su familia después de mucho tiempo de peleas; por haber hecho posible llegar a la cima de esa montaña o por haber hecho posible volver a creer en el amor, empezando una nueva y mejor vida cuando el mundo parecía acabado, limitado a una sola persona…

Por reglamento quienes trabajan en el ministerio tienen la obligación ante estos agradecimientos, de dejar bien en claro a las personas que en realidad ellos no hicieron nada… El logro es personal y propio de quien se animó a intentarlo. De todos modos reciben los regalos y los comparten después de hora entre todos.

La última vez que se abrió el cajón del viejo archivo, el encargado vio que el último registro tenía más de 50 años y decía:

 

“Es imposible vivir feliz creyendo en los imposibles sin hacer nada por cambiarlos”

FIN

Quizás quieras leer esto también...

1 Response

  1. Yamila dice:

    Me emociona hasta las lágrimas amigo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *