El lenguaje universal

Cierta vez, dando vueltas por la Patagonia Argentina, más precisamente en El Calafate, Rome, como buen viajero, creó una hermandad internacional con una perfecta desconocida que venía desde Francia. El vínculo creado en esos pocos días fue tan fuerte, que ella al regresar a su país habló de él a su abuela.

Magdalena, alias M’amour, tenía algo más de 70 años y vivía por aquel entonces en una ciudad del sur de Francia llamada “Pau”. Ella al escuchar de boca de su nieta lo vivido en Argentina decidió enviarle un regalo a Rome sin conocerlo.

Él, del otro lado del océano, halagado y sorprendido por el gesto, decidió pagar con la misma moneda, y mandó una paloma mensajera trasatlántica con un humilde presente.

Poco tiempo después, Rome, que había decidido parar de viajar, recibió una invitación del viento, que fiel a sus caprichos le susurró al oído su deseo de llevarlo a cruzar el océano con destino al viejo continente. Él, claramente no pudo resistirse.

Sin dudas uno de los objetivos del viaje era llegar hasta esa ciudad cerca de los Pirineos, a darle a M’amour el abrazo que se merecía.

Por fin luego de casi un mes de peregrinar por España, estaba listo para cruzar la frontera y hacer el esperado encuentro. Había un “pequeño” detalle en el medio, que no era importante hasta el momento en que la nieta, que además de presentadora debía hacer de traductora, avisó que no podía asistir al encuentro: Magdalena no hablaba una gota de español y Rome de pura casualidad si sabía decir “bonjour” en francés.

Pese a esto que parecía ser un gran impedimento, él, que estaba envuelto nuevamente por la magia del camino en este nuevo viaje, decidió llevar el encuentro adelante de todas formas.

Sabiendo que en su casa había conexión a internet, pidió ayuda a un conocido mago del camino que vivía en Suiza y que manejaba a la perfección los dos idiomas Este aceptó ayudarlo pero solo unos minutos porque estaba ocupado.

La estrategia entonces era llegar, sacar la notebook tratando de usar todos los gestos que se puedan, hasta que el skype los enlace y después de eso, despedirse e ir a tomar mates a algún espacio público.

Finalmente llegó el día, mejor dicho la tarde del encuentro. La nieta de Magdalena había hechos todas las coordinaciones del caso. De pura “casualidad” de esas que se dan tan a menudo en los viajes, Rome estaba siendo alojado a unas 15 cuadras del lugar de la cita, así que mapa en mano, hecho con papel y birome, decidió llegar andando. Estaba un poco nervioso, pero adoraba atravesar una situación así de extraordinaria, tan típica en “situación de viaje” con el corazón expuesto.

Afortunadamente, en muchas ocasiones, las circunstancias y sorpresas de los viajes no se pueden manejar ni controlar aunque lo intentemos, sino todo sería muy aburrido y previsible…

Al llegar al viejo edificio, un cartel señalaba bien cuál era el timbre, pero no aclaraba que numero de departamento era. Él, tocó el timbre, ella dijo algo así como «¿Pablou?» junto con alguna expresión más que no fue entendida y abrió la puerta de abajo.

Si estaría en argentina, Rome, por lógica pura, una vez dentro del recinto, debería subir hasta la puerta. Pero acá estaba desconcertado porque básicamente no sabía cuál era… ¿Cuál sería la costumbre francesa en estos casos?, pensó. Decidió subir la escalera piso por piso, y cuando una señora le diga algo, entonces la reconocería. Empezó a hacerlo velozmente y de pronto ve bajando al ascensor con alguien dentro… ¡es ella! pensó y bajó más veloz aún.

Los ojos se encontraron y los brazos también. Sin conocerse en persona, ya estaban subiendo abrazados, desbordados por darse a entender.

Al cruzar la puerta, él encontró una casa típica de abuela… con fotos de abuela, muebles de abuela y aroma de abuela

Ella lo esperaba con la clave del WI-FI sobre la mesa y él encendió rápidamente su computadora, notando que había olvidado el cargador de batería. Pero las casi dos horas que duraba la carga eran más que suficiente para sus planes.

Por suerte Benoit, el mago francés que vivía en Suiza, estaba esperando la conexión y así empezaron a dialogar prontamente. La charla era muy emotiva. La abuela se emocionaba ante cada frase de afecto, inundando sus hermosos ojos con lágrimas.

Él, le pidió que lo adopte como nieto y ella aceptó sonriente. Mientras esto sucedía no paraban de mimarse con caricias y abrazos.

Rome, le contaba acerca de su modo de viaje, alojándose en casa de desconocidos, sin hoja de ruta, siguiendo al viento, usando coches compartidos y ella ponía cara de preocupación. En un momento dijo «Ah, gitano jaja» y todos estallaron de risa. El traductor también se emocionó con la escena y extendió su servicio por más tiempo del que dijo en un principio, pero irremediablemente debía partir.

La magia envolvió la escena y todos la sintieron. Al despedirse Benoit, no quedaba mucho que hacer, según pensó Rome, pero estaba equivocado una vez más… cuando estaba guardando la computadora, su nueva abuela hizo una pregunta crucial… «¿caramel?». Si pretendía ser un buen nieto, sabía que no podía decir que no a un té de caramelo.

¿Cómo hacer ahora? pensaba… intentó encontrar entre sus amigos del facebook otro traductor, pero no tuvo suerte. Decidió relajarse, dejar fluir la magia nuevamente y disfrutar.

Demostrando que las abuelas son iguales en todas partes del mundo, ella vino con una gran fuente llena de cosas para comer. Los macarrones fluorescentes no llamaban mucho la atención al estomago del visitante, pero los comió sin pestañar. En un sinfín de gestos y palabras dichas lentamente, ambos trataban de hacerse entender y cada tanto lo lograban.

Después de un rato decidieron que el “Google Translate” ayudara un poco, siendo una buena ayuda mientras duró la batería del ordenador. Ella escribía muy bien con el teclado por suerte. Luego se sacaron una foto para dejar testimonio.

Finalmente el encuentro duro algo más de dos horas, donde la emoción constante flotó en la atmosfera. Si hubiera un contador de caricias y miradas de amor, sin dudas arrojaría en promedio una cada dos segundos… ahí donde el idioma no alcanzaba, el lenguaje universal tapaba todos los huecos.

Ambos tenían lleno el corazón y se despidieron con un nuevo abrazo batiendo su propio record de duración. Ella despedía a su nieto, y él despedía a su abuela. En el fondo sabían que difícilmente se vuelvan a ver. Es una altísima probabilidad entre viajeros.

Se encontraron los ojos por última vez y Rome se fue conmovido hacia la esquina donde había visto una plaza. Algunas lágrimas estaban dándole vuelta buscando su cauce. Sacó el mate junto con el termo de su mochila y empezó uno de los rituales que mas esperaba por la tardes estando lejos de casa.

Por si faltaba algo a todo esto, cuando alzó los ojos al cielo, vio que una luna gorda y redonda lo estaba acompañando. Él sonrió y le habló con el corazón felizmente sacudido… ya sabía que pese a no saber su idioma, ella lo entendería…

 

mamour

 

FIN

 

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9 Responses

  1. Increible historia hasta las lagrimas!!…

  2. Nati Klass Nati Klass dice:

    Me encanto… Simplemente hermoso!!!

  3. Rosana dice:

    Genio Pablo!!!!!!!!!!

  4. Qué gran encuentro de almas, maravilloso…teneme en cuenta otra vez para traductora, yo encantada! o te enseño francés y listo! Abrazo

  5. hola Pablo!!!!estoy leyendo tu libro!!!en La Plata!besos!!!

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