El despertador, crónica de un sueño*

despertador

 

Esta es la historia de un sueño que estaba dormido, un poco por la rutina, otro poco por la ignorancia y otro tanto por los miedos.

Hubo una vez un ángel que apareció en mi vida un día cualquiera y al poco tiempo se fue a otra dimensión, pero dando aviso (imposible recibir una traición de su lado). Para quienes los vimos en sus últimos tiempos ya sabíamos que su partida era inevitable y hasta deseada: no valía la pena que siga en ese estado, pero aún así, al irse dejó un dolor muy grande con un vacío inmenso por llenar.

Cual avión por despegar, ya al verlo carretear y después despegar sus pies del suelo, empezó a hacerse eco en mí la idea de que la vida tiene fin. Haga lo que haga, rico o pobre, ingeniero o linyera, el cuento se termina. Mil replanteos existenciales hicieron fila en mi conciencia.

Finalmente cuando él cruzo la línea de las nubes, el despertador había sonado: ya no quería vivir sin alimentar sueños antes de que el final me alcance.

Así fue que sin experiencia en mochilas y peregrinaje solitarios en la ruta, me lancé al camino a hacer de mi vida un sueño, a conectarme con la esencia de sentirme vivo. Salí a conocer la Patagonia andina viajando a dedo y alojándome en casas de desconocidos que me ofrecían alojamiento sin cobrarme más que un sincero abrazo. Ante este mundo nuevo la estrategia fue dejar fluir, confiar siempre (siempre) y ser conscientemente inconsciente.

En unas de les estaciones de ese viaje (la segunda), tuve un amor a primera vista llamado El Bolsón. Pasé por muchos lugares después pero no podía dejar de pensar en la comarca que me había enamorado sin darme mucho justificativos: simplemente conectamos.

Estando como turista, un día un cuidador de un refugio de montaña me dijo una frase inolvidable:

  • Muchas veces uno elige un lugar para vivir, pero muchas veces el lugar te elige a vos.

Así fue que al volver a mi querido Las Heras, aunque nunca olvido sus calles, su calidez y tanta gente querida, sentí que mi lugar en el mundo no estaba allí, sino al borde de la cordillera. Tenía que probar si el lugar me elegía. Ya había descubierto la magia del camino y sabía que siempre iba a encontrarme un corazón anónimo o no, dispuesto a darme una mano si lo precisaba, trabajando a favor de mi sueño

Así fue que sin pensar mucho, y solo teniendo un conocido en el lugar de destino, me largué a seguir viviendo. Hoy después de casi dos años de estar en tierra de cóndores, siento que en ningún lugar del mundo podría estar mejor que acá. Es un lugar mágico donde viven muchos “locos” que están despreocupados de la búsqueda incesante de dinero y seguridad, que están conectados a diario con los ríos y los cerros, que hablan de necesidades del alma, que abren las puertas de su mundo sin mirar a quien y frenan su coche en la ruta para llevarte si te ven en el camino, que son consientes de si sale o no el sol, o de las etapas de la luna. Son una escuela permanente de vida: Bolsón (y su cerro estrella El Piltriquitrón) si te eligen, te abrazan con fuerza y a ojos cerrados.

Muchas veces mientras camino de vuelta a la casa donde vivo ahora es como que me cuesta creer que yo (un Herense más) estoy viviendo acá: les aseguro que sonrió como un niño cuando soy consciente del lugar donde estoy.

Desde que sonó ese duro despertador, mi vida volvió a la ruta de su esencia, por eso siempre trato de alentar a quien me cruzo (hablando o escribiendo en mi blog www.andandoysonando.com) a que empiecen a vivir sus sueños, porque aunque suene duro, la muerte nos espera a todos y es mejor morir viviendo, que vivir muriendo. Que traten de despertar de otra manera a la mía para ganar tiempo y aprovechar mejor los días. SI la vida que uno tiene no lo hace feliz, entonces no hay que cuidarla tanto. El desafío de intentar un cambio da una adrenalina que hace que el corazón se salga del pecho. Doy fe de que una vida basada en alcanzar sueños es gratificante. Es darle sentido al CARPE DIEM.

 

* Nota publicada en el diario LA VOZ  del pueblo de Genrel las Heras, Buenos aires (del cual soy oriundo)

 

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