Dar y Recibir

Impresionante la bronca que te dio haber recibido esa carta. A algunos de tus amigos ya le había llegado y vos te les reíste en la cara, nunca imaginaste que había una con tu nombre.
¿Cómo es posible? ¡Justo a vos! El que hace todo “bien”, todo “perfecto”. Una parte tuya estaba deseando que por primera vez se hayan equivocado, aunque otra parte sabe que la información que manejan es 100% precisa, sin margen de error. Es así, cuando te llega la citación de la O.C.E.O., no hay forma de justificarse o defenderse.
Como no tenías opción, fuiste a presentarte dentro de las 48 hs de plazo que te dieron. Viste el letrero de la entrada y se te revolvió el estomago de la rabia: OFICINA DE CONTROL DE EGO Y ORGULLO, BIENVENIDOS.
La carta decía claramente que estás en infracción en la cláusula 4, teniendo que dirigirte al piso 9, oficina 5.
Al subirte al ascensor te das cuenta que no sos el único que entra a este edificio con sombrero y anteojos de sol para no ser identificado. Todos ahí dentro tratan de no intercambiar mirada con nadie. Ser reconocido es una marca difícil de borrar.
Cuando ves a la secretaria en el mostrador de recepción, lo primero que pensás es «tiene cara de no saber nada». Te dice que tomes asiento y esperes a ser llamado.
En el momento que por altoparlante dicen tu nombre, se te inflama la vena del cuello y no levantás la mirada. La secretaria te quiere indicar donde tenés que entrar y le hacés el gesto de que ya sabés el camino. Pese a medir 1,57 metros de estatura, tenés el ego de un gigante…
Dentro de la oficina te sacás el sombrero y las gafas. En el escritorio no hay nadie para recibirte y en los 5 minutos que te hacen esperar empezás a sentirte en la piel de un león enjaulado.
Cuando llega el empleado, ves que casi no puede caminar. Debe tener unos 85 años, y te pide que lo asistas con tu brazo para poder llegar a su silla. Se sienta y te sonríe agradeciéndote por tu ayuda.
Toma tu legajo y te pregunta si estás enterado de lo que significa estar afuera de la cláusula 4 y ponés la misma cara que ponen todos sin decir nada, siendo muy fácil de leer: «no sé, pero no te lo voy a demostrar»
– Mire mi amigo, usted fue convocado por la grave falta de “no dejarse ayudar”. Tenemos muchas pruebas en su contra que demuestran su alto nivel de ego y de orgullo, gastando una infinidad de energía innecesaria. Tanto el que DA mucho, como el que DA poco, si se rehúsa a RECIBIR, está en un grave desequilibrio que, como organismo oficial al servicio de la comunidad, nos obliga a intervenir.
Se ve que los empleados tienen tanta experiencia en lidiar con casos así, que hablan en una tonalidad que de a poco logra encontrar lugar en los oídos receptores, aflojando las resistencias egoicas. En este caso tampoco sos una excepción y de apoco empezás a sentir un cosquilleo incomodo.
Él saca de su escritorio un control remoto y le da play a una recopilación de situaciones donde se ve a las claras que no te dejás ayudar, que no te gusta recibir nada de los demás.
La primera imagen te muestra totalmente envejecido cuando no llegabas a pagar la cuota del crédito, el banco no paraba de llamarte y no fuiste capaz de pedirle a un amigo o familiar que te preste ese dinero y después se lo devolvías. Preferiste, lleno de orgullo, trabajar casi 18 hs por día para poder cubrir ese frente y después caíste enfermo, aunque igual seguiste yendo a trabajar para no dar el brazo a torcer, y eso que en la empresa te ofrecieron quedarte en tu casa a recuperarte.

En el segundo video, te muestran cancelando una cita que anhelabas mucho por no tener dinero para pagar. Pusiste una excusa infantil, siendo que ella podía cargar con los gastos sin problemas. Le interesaba el encuentro, no la cuenta.
En el tercer video aparecés empujando vos solo tu auto durante veinte cuadras con tal de que nadie se entere que andas sin rueda de auxilio.
El empleado te mira por arriba de sus anteojos y te pregunta si querés seguir viendo, a lo que claramente respondés que no. Ya tenías más que suficiente, así que dijo:
–Aunque no lo sepa a nivel consciente, al haber venido, ya empezó a dejarse ayudar. No somos sus enemigos, sino todo lo contrario. Estamos buscando el bien para usted.
Empezás a poner cara de perro mojado bajo un reparo en medio de la tormenta y él se da cuenta de que ya estás dispuesto a estar en regla.
–A partir de ahora, tiene que dejarse ayudar, en todo momento, en toda situación. No hay nada malo en eso, no es señal de debilidad, ni mucho menos. Debe luchar incansablemente por mantener en equilibrio el dar y el recibir. Agarre todas las manos que le tiendan en las distintas situaciones que lo precise, y después cuando esté en condiciones de poder extender la suya para ayudar a otro, verá como empieza a sentir la perfección del equilibrio. Además esta práctica lo llevará a conectar con los milagros del cotidiano que ahora ignora. La vida es cíclica, y así como hay momentos que son de siembra y otros de cosecha, hay momentos en los que va a estar en situación de recibir mucho y otras de dar. Recuerde que si se la pasa recibiendo sin nunca dar nada es exactamente lo mismo, y en tal caso será citado nuevamente a esta oficina – dijo con ternura y te guiñó un ojo.
Te ofreció un vaso de agua, y dando señales de cambio lo aceptaste. Mientras, sacó del tercer cajón unas planillas con tus datos, donde te comprometés a estar dentro de los márgenes de la ley luego de haber sido notificado. Lleno de confianza, tomás la birome con tu mano hábil y ponés la firma.
Al volver a tu casa, inundado de una extraña sensación, sintiendo el hachazo en las raíces de tu orgullo, sabiendo que fue necesario y a tiempo; sentís que hoy ya recibiste.
A la hora de la cena ves que tenés que ir a comprar algunas cosas y salís al mercado de la esquina. Hacía mucho tiempo que no comprabas los snacks de la parte superior de la góndola, pero hoy no tuviste pudor en pedirle al repositor que las baje por vos.
Antes de que te toque pagar, ves a una madre que está separando unas leches con gesto claro de «la plata no me alcanza», y te morís de ganas de ayudarla, pero tomás conciencia de que tu dinero es insuficiente y pedís perdón con el pensamiento.
A la salida te cruzás al empleado de la oficina, que con cara de satisfacción te dice:
–Va por buen camino. Estese atento y espere la situación en la que pueda dar. Ahora siga poniendo la energía en aceptar recibir.– Te da una palmada en la espalda y sigue camino con su paso lento.

FIN

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