Al deseo…claridad

Un día vas caminando casi sin reparar en lo que te rodea. Vas sumergido en la rutina diaria, esa que siempre te tiene a mano, listo para vos, un dolor de cabeza. De repente llegás a un río que ni sabías que estaba (suele pasarnos cuando andamos sin levantar la vista del suelo).

Te quedás mirándolo con cierta incredulidad. Parado en la orilla, mirás para los dos costados haciendo el primer peritaje.

Ves que tirado en el piso, del otro lado de la orilla, hay un cartel viejo y oxidado con un fondo que alguna vez fue blanco con algunas inscripciones. Desde donde estás, no se ve ningún puente cerca para cruzar, pero la curiosidad te está ganando la batalla y decidís repentinamente cruzar a nado.

El agua es de una composición rara, es como que tiene toda una paleta de colores en la gama del azul. Son como fibras mezcladas que alternan oscuros y claros pasando anárquicamente por todos los tonos. El gusto es raro también, porque mientras nadás sin querer le das unos sorbos: unos son dulces y otros amargos.

Una vez que cruzaste, sentís todo el peso del agua en la ropa pero no reparás mucho en eso. Corrés un poco la tierra que tiene el cartel, que pese a la corrosión del tiempo se deja leer:

Las aguas de este río son las encargadas de llevar nuestros deseos al mar universo: Por favor sea cuidadoso con lo que desea y la forma de hacerlo.

Te quedás mirando el agua y ahora entendés sus raros colores y su cambiante sabor. Estabas en trance hasta que el ruido de unos nenes te trajo de vuelta a la realidad. A tu derecha ves a una mamá con sus dos pequeños hijos jugando divertidamente. Ella te ve al lado del cartel y se acerca a hablarte. Te pregunta si ya conocías el lugar y te empieza a aclarar muchas de las dudas que empezaban a circular por los carriles de tu psiquis:

-Este río – como habrás notado – no siempre alimenta dulcemente al mar como los otros, pero aún así el universo responde a nuestros deseos si están hechos con convicción. El gran error que solemos cometer es no ser claros, redactamos mal y con letra desprolija. Los deseos además de nobles, tienen que ser prolijos, específicos y no dejar lugar a segundas interpretaciones.

La mirás con cara de no entender nada. Ella lo nota y sigue…

– Mirá –te dice señalando a su hijos que no paraban de jugar – ellos son las gotas más lindas que vinieron desde aquel mar a mi vida. Los esperé muchos años, pero no llegaban: no estaba deseando bien. Pero ahora aprendí que es lo que debo lanzar al río para que llegue bien al mar. De pura agradecida, siempre vengo de paseo por las tardes con ellos, ya escuché cientos de casos de pedidos que no fueron claros y se vinieron en contra de quien los hacía: una vez supe de alguien que deseaba tener mucho tiempo libre y de un día para el otro, sin razón alguna, lo echaron de su trabajo; otro deseaba vivir sin pagar alquiler y terminó preso por un robo que no cometió; otro deseaba la abundancia y fue abundante en deudas; después otro que pedía empezar el año con un coche nuevo parado en la puerta de su casa y alguien que visitaba al vecino rompió su Mercedes Benz de última generación en su vereda y lo dejó varios días ahí parado hasta que pudieron remolcarlo; otro deseaba encontrar una mujer para vivir y su madre se le instaló en la casa; o el goleador de un equipo de fútbol que deseó hacer un gol en una final, pero se olvidó aclarar que fuera a favor de los suyos y terminó haciendo un gol en su propio arco… y por último, supe de una mujer que deseaba mucho ser madre y alguien le dejó un perro cachorro abandonado en su jardín – dijo con sonrisa pícara refiriéndose a sí misma…

Se despide abruptamente de vos porque uno de sus “deseos” se golpeó jugando. Le das un abrazo y empezás a caminar bordeando el río. En tu cabeza se te empiezan a cruzar miles de ejemplos personales de deseos fallidos y te reís por lo mal que lo pedías.

Ahora ya sabés que la próxima vez que un deseo tuyo se dé un chapuzón en estas aguas, tenés que ser muy claro, escribir con tu mejor letra y detallar bien. De esta manera el río se lo llevará dulcemente, lo entregará en mano al mar, y este hará crecer las flores soñadas regando con sus aguas tu jardín de deseos.

FIN

 

 

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4 Responses

  1. que bueno que estés escribiendo ex-compañero, yo también tengo ganas de armarme un blog.

  2. JULIO GARCIA dice:

    Muy buenoo! Ya le estamos dando forma a un par de deseos 😉

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